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La Epifanía

 

 

En muchas partes del mundo el 6 de enero conmemora la Epifanía de Jesús, cuando el niño-Dios se manifiesta y se da a conocer ante los tres magos, reyes o sabios que vienen de Oriente a adorarle y ofrecerle presentes. En la actualidad, esta tradición aún se celebra en algunas zonas del mundo católico, en especial en el Mediterráneo y en Latinoamérica. En términos prácticos (pero también religiosos), marca el final del cúmulo de festividades cristiano-consumistas de la Navidad. Por fin, las familias van a liberarse de tantas comilonas, tanto gasto, tanto regalo, tanta celebración y tantos familiares. Al menos, algunos lo viven así.

En el mundo cristiano ortodoxo, empero, el 6 de enero consagra asimismo la Natividad y no únicamente la adoración de los magos. Desde hace muchos siglos ha existido una disparidad de opiniones acerca de la fecha del nacimiento de Jesús: ¿25 de diciembre o 6 de enero? Lo revelador de la controversia es que ambas tradiciones parten de otra fecha para calcular el día exacto del nacimiento. Y esa no es otra que la fecha de su crucifixión. Interesante, muy interesante.

Está claro que para los cristianos antiguos el momento crucial en la vida de Jesús fue el de su muerte y posterior resurrección. Ya lo dijo san Pablo: «si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación». Para la tradición cristiana, es la muerte-y-resurrección de Cristo –y no el nacimiento– la piedra angular de la fe. De hecho, no sabemos que se celebrara ninguna festividad de la Natividad en los primeros tres siglos de andadura cristiana. (Y sí, en cambio, cierto desprecio de alguno de los padres de la Iglesia por la costumbre romana de celebrar las fiestas de aniversario.)

Hacia el año 200, Tertuliano de Cartago calculó que la crucifixión de Jesús –que según el “Evangelio de San Juan” tuvo lugar el décimo cuarto día del mes de Nisan del calendario hebreo– se correspondía con el 25 de marzo del calendario solar romano. Existe una tradición muy antigua en el cristianismo –también recogida por san Agustín– que liga el día de la concepción de Jesús con el día de su muerte. Como se puede deducir, el 25 de marzo cae exactamente nueve meses antes del famoso 25 de diciembre. En la Iglesia oriental también se mantuvo la tradición de que Jesús fue concebido y crucificado el mismo día. Ocurre que lo calcularon a partir del décimo cuarto día del mes primaveral de Artemisios del calendario griego, que se corresponde con el 6 de abril.

 

Mantegna, "La Crucifixión", c. 1457.

 

Teniendo esto en consideración, la extendida idea que sostiene que la Navidad es una mera y astuta apropiación cristiana de una fiesta pagana (el solsticio de invierno, las saturnales romanas), no sale del todo bien parada. Desde luego, algo de ello hay, en especial en elementos importantes del ritual navideño. Pero puede que la fecha del 25 de diciembre le deba más a la noción rabínica de que los acontecimientos realmente significativos tienen lugar, una y otra vez, en las mismas fechas (ligadas a la Pascua judía), que al paganismo mediterráneo. Lo refuerza el hecho de que la Iglesia oriental llegara por el mismo método a una fecha ya alejada del solsticio.

Podría haber aprovechado la ocasión para profundizar también en el mito de los tres magos, o indagar en la misteriosa estrella que los guió (¿un cometa, una conjunción planetaria, un ángel?), o en dilucidar el lugar de nacimiento de Jesús (si Belén o Nazaret) y hasta del año (que no fue el 1, sino probablemente alguno entre el -7 y el -4). Pero ni soy historiador, ni estoy versado en la tradición cristiana (para mi exposición anterior, me he basado en el teólogo y reverendo australiano Andrew McGowan, uno de los grandes expertos en el cristianismo antiguo). De hecho, todo eso viene a cuento de una reflexión que durante estos días me ha asaltado en varias ocasiones (y de la que ya he escrito en algún libro). Y es que pienso que hurgar en exceso en la historia bíblica, aparte del regusto por colmar nuestra curiosidad intelectual (que, ¡ojo!, no es poca cosa), puede asimismo desviarnos de algunos significados profundos que poseen los mitos.

Si no entendemos el mito como un lenguaje distinto al de la historia (que, por cierto, es más narrativa y más próxima a la ficción de lo que aparenta), siempre lo desvirtuaremos; lo tomaremos por algo que no es, ni pretende ser, y lo acabaremos convirtiendo en un mero cuento, una vulgar leyenda, una superstición y, por ende, una “farsa”. El que ahora sepamos gracias a la historia bíblica que se “halló” el nacimiento de Jesús en una fecha determinada –ya fuera porque coincidía con una vieja tradición judaica o porque tenía prestigio en el mundo pagano romano– no resta valor y significado a la Epifanía; es decir, a la manifestación de lo Divino en este mundo. O dicho de otra manera, para el creyente cristiano el nacimiento de Cristo no es un hecho biológico, igual que la Epifanía no es un hecho histórico. Es o debería ser –como la muerte-y-resurrección– un hecho de la fe. Como diría Wittgenstein, el historiador y el creyente están inmersos en diferentes “juegos de lenguaje”.

El problema con el que uno se topa con las presentes celebraciones navideñas es que percibe que ni siquiera los creyentes (o muchos de ellos, al menos) entienden el mito como un hecho de la fe. Más bien como una tradición social y residualmente cultual (de culto). Para colmo, hay gran desconocimiento histórico, así que tampoco se lee como un hecho de la historia. (Quizá el problema radique, precisamente, en la excesiva dependencia paulina en la “fe”, ya que «si Cristo no resucitó… vana también es nuestra fe».) Y menos aún son los que lo viven como un hecho espiritual. ¿Quién interpreta hoy la Natividad y la Epifanía más allá de la parafernalia navideña? ¿No habría que retomar y recontar el significado simbólico y espiritual de los grandes mitos? No me refiero a una lectura elitista y académica para cuatro enamorados de los arquetipos, sino de una verdadera enseñanza espiritual popular. Para el caso que nos traemos entre manos el pesebre podría ser una excelente herramienta. Claro que de esta forma, con este espíritu, han nacido un montón de sectas, fundamentalismos y extraños movimientos religiosos. Mejor dejemos que la entropía –escatológico cagané incluido– prosiga su acción. A fin de cuentas, yo no soy cristiano.

 

 

6, enero, 2015

 

Primero de año

 

 

Amanece el 2015. La mañana del primero de enero es sosegada. Como casi siempre. Hace un día radiante, en la buena tradición del clásico anticiclón invernal, que en esta costa mediterránea donde resido se traduce en frío, sol y mucha –muchísima– luz. La ausencia de nubes es casi irreal.

Los vecinos aún tienen las persianas bajadas. Duermen. Pero no es temprano. En el primer día del año se permite el marmotismo. El nuevo ciclo comienza con malestar en el estómago, detritus en el cerebro y, probablemente, también en el esófago. La noche anterior, la última, hubo juerga. La farra de fin de año ha quedado institucionalizada. Incluso los que habitualmente no salen por las noches, o los que no acostumbran a beber, se permiten una dosis de entropía en la Nochevieja. Los amigos y las familias se reúnen y brindan al son de las nefastas campanadas televisivas, que son las que hoy marcan el tránsito a un nuevo año. Nunca falta el cava o el champaigne, ni acalorados besos y abrazos, un raudal de mensajes en el móvil, la presencia de algún escuálido abeto o sucedáneo adornado con bolas y borlas resplandecientes. Todo muy dorado. Se organizan fiestas en carpas, hoteles y locales donde se bebe, se esnifa, se come, se fuma, una se desabrocha un botón, se baila, se cae uno, se vuelve a levantar. No vale la seriedad ni la solitud. Además, parece que el fenómeno es medio universal, desde Kiribati, el primer país en iniciar la rotación de los fuegos de artificio, hasta Honolulú, supongo que 23 horas después.

En cierto sentido, las fiestas otrora paganas perduran hoy en ese espíritu de jarana. Estoy pensando tanto en Nochevieja como en el Carnaval, la Noche de San Juan o en el reciente fichaje del Halloween (de origen celta). ¿Existe ahí algún revanchismo arquetípico? No creo. Más bien la necesidad de institucionalizar vías de escape socialmente justificadas.

A estas fiestas del descontrol han venido a sumarse otras algo inquietantes. Pertenecen al calendario de una religión que se expande con callada potencia, más incluso que el islam o el cristianismo carismático (léase, pentecostalismo). Me refiero al consumismo. No voy a entrar aquí a disertar sobre los textos sagrados, doctrinas, Iglesia o métodos de proselitismo de este pegajoso -ismo. Pero sí en sus rituales públicos estacionales. El consumismo tiene sus festivales propios en fechas como San Valentín, el Día del Padre, el Día de la Madre y, por mucho que le pese a la ex hegemónica tradición cristiana, se va apropiando de una de sus fiestas emblemáticas: la Navidad. Bajo la guisa de un anciano barbudo con gorro rojo, de mal gusto hasta con reno, el frenesí del consumo –apoyado abiertamente por el Estado– va desplazando a la periferia el contenido, el significado y el objetivo de la Navidad cristiana. Incluso cuando aparecen tres magos a camello, la Epifanía es asimismo una celebración del consumismo. Esas fiestas ya no transmiten los valores y los mitos del cristianismo (aparte algún discreto pesebre), sino que toman la forma de una onerosa farsa en la que los niños reciben su (sobre-)dosis de presentes misteriosamente portados por el barbudo, los reyes a camello o, en estas luminosas tierras mediterráneas, por un tronco viejo al que le han dado por grabar una impresentable cara de pinoccio disneyano con barretina catalana.

 

Regalos de Navidad junto al árbol decorado. Foto: Kelvin Kay, 2003.

 

Sospecho que la única festividad verdaderamente cristiana que resta en el calendario gregoriano es la relativa a la muerte y resurrección de Cristo: la Semana Santa. La cosa no es de extrañar ya que es la más antigua; y sin duda la más profunda. Contiene significados esencialmente cristianos. También es, precisamente, la que comparte –en su ethos ascético– más elementos con tradiciones hermanas, en especial con el judaísmo (y su Pascua) y, en menor medida, con el islam (y su Ramadán). Desde luego, existen otras celebraciones cristianas que aún se conmemoran en la península donde habito. Estoy pensando en la Inmaculada Concepción, el Corpus Christi o el Día de la Asunción. Pero es un hecho que cada vez somos menos los que recordamos o llegamos a entender qué se celebra con ellas. O mejor: por qué. Muchas incluso han perdido el carácter no laboral que tenían antaño.

Cierto que también la religión civil del Estado (que se fundamenta tanto en el nacionalismo como en el laicismo, si bien los ecos de su legendaria asociación con la Iglesia cristiana no han desaparecido) reclama su calendario. Ahí se insertan fiestas como el Día del Trabajador, el Día de la Hispanidad (superpuesta al Pilar), el Día de la Constitución (encontraríamos sus equivalentes en otros países); amén de las festividades regionales y locales, muchas veces vinculadas a santos, vírgenes y tenebrosos hechos históricos.

Esta yuxtaposición de calendarios (cristiano, consumista, civil-nacionalista más el pagano-coribántico) son reveladores de algunas tendencias actuales. Está claro que un poso de actitudes y valores cristianos aún perdura. Pero es el Estado secular quien ahora da contorno y legitima prácticas y valores que casan mejor con la doctrina del capitalismo y su nueva fe (empeñada en seguir cumpliendo su clásica función de “opio del pueblo”): el consumismo.

 

 

1, enero, 2015

Club Faro de Vigo (2014)

Presenté La sociedad de castas en el Club Faro de Vigo. Abrió el fuego Madhana Agulla, uno de los pioneros del yoga en España, y luego diserté sobre distintos aspectos de la sociedad india de castas. Muchísima gente en el local, abarrotado hasta los topes. El periodista Rafa López hizo un buen resumen de la ponencia en el artículo que salió al día siguiente en el diario y que adjunto aquí.

FaroVigo

M. Agulla y A. Pániker en el Club Faro de Vigo. Foto: J.Lores.

Conferencia “la sociedad india de castas” (Madrid 2014)

Muchísimo público acudió a la embajada de la India a escuchar la conferencia “La sociedad india de castas”, organizada por el Instituto de Indología y por la propia Embajada de la India. Centré la charla en los dos pilares en los que sostengo que se sostienen los peculiares sistemas indios de castas (en plural): el principio de la diferencia y el principio de la jerarquía. Me presentó Pedro Carrero Eras.

El público en la Embajada de la India en Madrid. Noviembre 2014.

Booktrailer “La sociedad de castas” (2014)

Aquí tenéis un breve resumen en 4 minutos y medio de mi libro La sociedad de castas (Kairós, 2014).

https://www.youtube.com/watch?v=EBnZctATW8A&feature=youtu.be

Presentación y concierto de F. Díez (Madrid 2014)

Organizado por Casa Asia, Namaskar Comunicación y Editorial Kairós, presentamos en la nueva sede (provisional) de Casa Asia (en la incomparable Casa Árabe de la calle Alcalá) el último libro de Fernando Díez Ciencia y consciencia. Introdujo el evento Teresa Gutiérrez del álamo, en nombre de Casa Asia, luego intervine yo mismo, y, finalmente, Fernando Díez pronunció su conferencia sobre la búsqueda espiritual y las fronteras de la física cuántica. Tuvimos la suerte de escuchar tres magníficas piezas de sitar interpretadas por Fernando.

A.Pániker y F.Díez preparando el evento.

F.Díez, T.Fernández del Álamo y A.Pániker en Casa Árabe. Madrid, 2014.

F.Díez en su disertación. Madrid, 2014.

F.Díez interpretando el sitar.

Mucho público en Casa Árabe.

F.Díez firmando un ejemplar a P.Carreño y su esposa.

Eleccions a l’Índia: el principi d’una nova era? (2014)

Después de 6 semanas de ejercicio electoral en la India, pero antes de conocerse los resultados de las últimas elecciones, tuvimos un encuentro en el think tank del Cidob acerca del proceso electoral y el futuro político, económico y social de India. Estuvimos la periodista Rosa Mª Calaf, que moderó el encuentro, el investigador del Cidob Nicolás de Pedro, y yo mismo. De Pedro hizo un exhaustivo análisis de la actual situación política india y las posibilidades de los dos candidatos (Rahul Gandhi y Narendra Modi). Yo diserté sobre el currículum democrático indio. Y luego dialogamos –con buena participación del público– sobre las cuestiones candentes: problemas de género, relación con países vecinos, castas, la más que plausible victoria de Modi, etcétera.

http://www.cidob.org/ca/noticies/asia/cicle_que_passa_al_mon_eleccions_a_l_india_el_principi_d_una_nova_era

N.de Pedro, R.M. Calaf y A.Pániker en el Cidob, Barcelona 2014.

 

N.de Pedro, R.M. Calaf y A.Pániker en el Cidob, Barcelona 2014.

Mucho público en el Cidob.

Foro Mistérico con David Barba (2014)

Ahí va casi una hora de conversación con David Barba en su “Foro Mistérico” en la FNAC. Conversamos sobre la India, sus religiones y formas de espiritualidad.

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A.Pániker y D.Barba en FNAC.

Daniel Goleman en Esade (2013)

El martes 5 de noviembre Daniel Goleman dió una conferencia magistral en Esade de Barcelona. Presentamos el acto Sergio Vila-Sanjuán y yo mismo. Lleno total en Esade, con 440 personas atendiendo en directo y un récord de inscripciones. Tras la charla Daniel Goleman firmó infinidad de ejemplares al público.

S.Vila-sanjuán, D.Goleman y A.Pániker. Esade, noviembre 2013.

 

D.Goleman y A.Pániker. Esade, noviembre 2013.

 

 

 

S.Vila-sanjuán, D.Goleman y A.Pániker. Esade, noviembre 2013.

 

D.Goleman, con S.Vila-sanjuán y A.Pániker. Esade, noviembre 2013.

 

 

D.Goleman, con S.Vila-sanjuán y A.Pániker. Esade, noviembre 2013.

 

D.Goleman. Esade, noviembre 2013.

 

 

 

A.Pániker y D.Goleman tras la conferencia. Esade, noviembre 2013.

 

A.Pániker y D.Goleman tras la conferencia. Esade, noviembre 2013.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

D.Goleman durante la conferencia. Esade, noviembre 2013.

A.Pániker y D.Goleman tras la conferencia. Esade, noviembre 2013.

D.Goleman y E.Solomon en Casa del Tibet (2013)

Organizado pro Rigpa-España, Editorial Kairós y Casa del Tíbet, tuvimos el lujo de asistir el lunes 4 de noviembre a una brillantísima charla de Daniel Goleman y Erric Solomon a propósito de la meditación, la ciencia o el cultivo de la atención. Lleno total en Casa del Tíbet y retransmisión también en streaming para todo el mundo. Las charlas fueron en inglés con traducción consecutiva.

A.Pániker y D.Goleman conversando antes de la conferencia.

Mi hija Rita sacando una foto a D.Goleman tras la conferencia.

D.Goleman fotografiado por Rita.

 

 

 

 

A.Pániker y D.Goleman. Casa del Tíbet, Barcelona 2013.

Se formó una larga cola para tener ejemplares firmados de D.Goleman.

 

E.Solomon y A.Pániker. Casa del Tíbet, Barcelona 2013.

 

T.Benett-Goleman, D.Goleman y A.Pániker.



© Agustín Pániker